
Pakistán ha emergido como un mediador inesperado en la guerra entre Irán, Estados Unidos e Israel, impulsando un alto el fuego temporal tras semanas de tensión. Con el apoyo de China, Islamabad logró abrir un canal de negociación clave en un conflicto que amenazaba con desestabilizar Asia, especialmente tras el impacto en el estratégico estrecho de Ormuz.
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