
Tras la Segunda Guerra Mundial, la península coreana quedó atrapada en la dinámica de la Guerra Fría y se dividió en dos: al norte, un régimen apoyado por la Unión Soviética; al sur, un gobierno nacionalista respaldado por Estados Unidos. En la isla de Jeju, al sur de Corea, algunos habitantes rechazaron esta partición. Muy pronto, Seúl consideró la isla un bastión comunista e inició una caza de brujas de violencia inédita. En la isla, una represión de extrema brutalidad causó decenas de miles de víctimas. Nuestra corresponsal Mélodie Sforza, entrevistó a sobrevivientes de la masacre.
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