
Tras las elecciones municipales de marzo de 2026, Francia enfrenta una realidad alarmante: el cargo de alcalde, antes símbolo de orgullo y servicio comunitario, se ha vuelto una profesión de alto riesgo. Entre el agotamiento administrativo, la falta de recursos y una ola de violencia sin precedentes que incluye amenazas de muerte e incendios provocados, los líderes locales están renunciando en cifras récord, dejando vacíos de poder que ponen en jaque la gobernabilidad desde las bases.
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