Los kurdos se encuentran frente a un paradoja: son indispensables cuando Occidente necesita aliados en la región, pero son abandonados cuando llegan los momentos de tomar decisiones políticas. El acuerdo firmado a finales de enero entre Siria y los kurdos sirios detuvo el sueño de un gran Kurdistán. La pérdida de autonomía del Rojava ha reavivado un sentimiento de inseguridad.
