Durante las últimas dos décadas, Turquía se ha convertido en un actor clave en África. Aunque con mayor discreción que China o Rusia, Ankara ha logrado expandir con éxito su influencia en el continente. Desde drones y programas de becas hasta contratos de construcción y ONG humanitarias islámicas, Karina Chabour investigó esta ofensiva, que combina la cooperación económica y militar con la influencia religiosa.
