Rubina Aminian, una joven de 23 años que aspiraba a ser diseñadora de moda, se ha convertido en símbolo de la brutal represión en Irán. Tras participar en una manifestación en Teherán, sufrió una herida mortal con arma de fuego. Las autoridades impidieron a su familia celebrar un funeral normal, al considerar que estos actos se estaban convirtiendo en manifestaciones contra el régimen. Casos similares, como el de un entrenador de ballet y dos trabajadores, dan testimonio del creciente rechazo.
