Los fuertes vientos y las lluvias volvieron a convertirse en un problema para los desplazados en la Franja de Gaza. Para los habitantes del enclave, que siguen padeciendo las consecuencias de la guerra con Israel, la vida en tiendas de campaña resulta precaria e incómoda, con escasa protección frente al agua y a los climas extremos de la zona. Si bien los niveles de violencia han disminuido, los ataques no han cesado por completo, lo que mantiene la inseguridad entre la población civil.
